A través de metáforas visuales, sketches y momentos performáticos, 3cm of Complexity explora con humor e ingenio formal el origen del malestar en el organismo de la artista. Un ensayo divertido y muy personal sobre el burnout —el síndrome del trabajador quemado— y las vicisitudes del día a día.
Tres centímetros pueden ser insignificantes o causar grandes molestias: todo depende de dónde se midan. La película conecta los incendios forestales en Grecia, el agotamiento y la hipocondría, sin dejar de lado la crítica al sistema sanitario austríaco. ¿Qué punto tienen en común estos temas? Eso se lo dejamos a Anna Vasof. Con una mirada tan lúcida como mordaz y un tono que coquetea con el stand-up comedy, la cineasta encadena metáforas visuales, sketches y un sinfín de increíbles artilugios para convertir el colapso mental, físico y estructural en material cinematográfico. Desde el humor y la ironía, el film ensaya sobre la resiliencia y las ambigüedades de la vida en modo supervivencia, poniendo en perspectiva la intensidad —y la fragilidad— de lo cotidiano. (Inés Calero)
I Lit the Fire! (Bielorrusia-Kirguistán-Azerbaiyán, 2025)
I Lit the Fire! establece un vínculo entre una cineasta que migra Bielorrusia y una niña de diez años de un pueblo sureño de Kirguistán. A través de fragmentos de sus vidas, se revelan hilos invisibles que conectan miedos, esperanzas y el anhelo de hogar.
I Lit the Fire! es una película atravesada por una implicación radical. La cámara no se coloca a distancia ni observa desde fuera, sino que funciona como una extensión más del cuerpo de Valeria Lemeshevskaya. Filmar es estar dentro, exponerse, sostener lo que ocurre sin esconderse tras el dispositivo ni buscar una falsa neutralidad. La contención del film, a medida que avanza, se revela como una construcción hecha de capas que se superponen y se afectan entre sí. La experiencia personal, el contexto político y el gesto cinematográfico se afectan mutuamente. Lo político no aparece formulado como discurso. Se filtra en las relaciones, en la inestabilidad de los vínculos y en el lugar que ocupan los cuerpos, especialmente el de la niña. La infancia no funciona aquí como refugio ni como imagen tranquilizadora, sino como un espacio donde la fragilidad se hace visible y donde se concentran las tensiones del relato. Desde esta vulnerabilidad y desde su propia vivencia, Lemeshevskaya construye un metraje que se dice desde el cuerpo y que transpira una gran carga emocional. (Ekhiñe Etxeberria).
Presenta Ekhiñe Etxeberria